hay malestar para todos

habrá amor también?

martes, mayo 13

1978


papá

acción

volví. este fin de semana estuve en mi primer rodaje ayudando a un equipo fantástico de gente que estaba ahí, trabajando 15 horas por día, 3 días seguidos, para hacer un corto sobre un cuento mío. groso. ya llegan los 30: no planté un árbol, no tuve un hijo, y no publiqué un libro. pero habrá peli y parece que va a quedar rebuena. algo es algo.

y ahora sí, el sábado, Fiesta.

miércoles, mayo 7

*breve interrupción a mis aventuras in froitland*

Heil Kitler!
(acá muchos más pero creo
que este es by far el mejor)

1988

Uno, dos, tres vestidos blancos. Se festeja nuestra desinfección. Tenemos diez y once, las primas, estamos bordadas de perlas. Doncellas de tul en guantes de encaje. Hay plata en nuestras canastitas porque llenas somos de gracia y el señor está con nosotras. Con Anita no, pero igual cobró su parte. Anita repite mala conducta. Anita la prima loca. Anita ya menstruó, yo estaba ese día, le pegó a su madre del susto. Anita enlaza el cuello de Sabrina al rosario recuerdo de nuestra primera comunión y tira, fuerte. Te voy a matar, soy un pitufo asesino. Te voy a matar. Sabrina llora, es mi prima estúpida. Vosotras, pues, sóis el cuerpo de Cristo. Vosotras, dice el cura, y se acerca para tocarnos la frente. Primero Anita, después Sabrina y yo al final. La abuela dice que la comunión nos une, con todos, con los pobres, los débiles, los desesperados. Pero la abuela tiene olor a viejo, qué puede saber. Yo quiero estar con los fuertes. Porque los débiles no tienen fuerza, como los viejos, que huelen a muerte y a tintura. Que la abuela nunca se me acerque mucho. A Sabrina sí, porque es estúpida. Se merece lo peor, por eso. Anita la empuja al baño y yo trabo la puerta. Vas a morir. Vas a darnos tu plata o vas a morir. La canastita de la prima estúpida tiene una cruz rosa, la bordó su madre. Le sacamos todo, tres billetes grandes y cinco monedas. ¿Nada más? Y esto también, dice Anita, es nuestro. Le sube el vestido y yo le aprieto las manos. Sabrina se mancha con agua sucia del piso. Yo no quise pegarle, no la odiaba tanto. Anita le baja la bombacha y le dice salís así, con nosotras, y si llorás te pego de vuelta. Mamá tiene razón. Mama dice que todo esto es por la plata. Que lo mejor de la comunión es la plata que te dan después y que Dios no existe.

martes, mayo 6

1994

Un adorno en casa ajena, horas a mi trabajo, hombres de otras. Robaré, siempre.

lunes, mayo 5

2004

Los telos son horribles, me encantan. Adoro el ruido del plástico, el silbido de la sábana contra el plástico. Tengo una casa hermosa, blanca, y grande. Cuando vuelvo de pasear con mi novio, ordeno y limpio. Decoro. Bajo la basura. Cuando salgo me pongo botas y me siento del lado del conductor, subo las piernas. Es mi auto. Es mi novio, mi auto, mi decisión. Fumo. Fumar y dar órdenes. No manejo porque no quiero. Manejo como un hombre, mejor que un hombre, me lo dicen siempre. Me gusta. Ser el hombre. Ganar más plata que ellos. Ganar tres veces más que mi novio. Paseamos por Constitución una vez por semana, Palermo nunca. En Palermo se maquillan con Clinique y a mí me gustan pobres y desesperadas. Las chicas se quejan de Palermo, mucho estúpido domingueando. Somos amigos de Micaela, de Tatiana y de Solange. De Salta, las tres. Patinan la erre. Hace poco Micaela cumplió dieciocho. Divina. Le regalamos cuatro líneas. Yo pago. Todo. Me cruzo de piernas en el sillón de cuerina y pido un agua. Agua es lo único que necesito. Mi novio tiene permiso para mirar mientras nosotras dos tomamos: no te damos nada. Sacate todo mi amor, le digo. Ponete en cuatro mi amor. Abrí grande la boca. Micaela es hermosa, tiene una pija perfecta para mi novio. Es pasiva, es activa, es todo. Yo no, pero ella sí, que todo lo tiene y todo lo da. Le duele, a mi novio, se enamora. Pero es mío. Mi nena. Mientras hacen el 69 miro Discovery Channel. Si se cansan les grito. Yo pago, yo ordeno. Soy mi papá. Vas a parar cuando yo quiera. Micaela le aprieta la cara contra el plástico. Meteselá, le digo. Mi nena grita y llora. Se quiebra, la abrazo, la protejo. Cuando ya no se le caigan lágrimas no va a ser lo mismo.

1986

Mar del Plata, noche. Me mandó a dormir sin comer. Estoy en la cama de arriba, en el departamento que nos prestaron para las vacaciones. Hace un rato se durmió mi primo. Mi prima también. Son ingleses, están de visita, y no entienden nada. Papá los adora, los odio. A la tarde hubo una tormenta. Estamos en los toboganes de agua, mi prima y yo, las dos con la misma malla. Una bikini a rayas que nos compró papá para que estemos las dos igualitas. Son esos toboganes que están cerca de la rambla, altísimos. Corremos para ver quién llega más rápido. El plástico azul no tiene rajaduras. Me gusta que me entre el agua por las piernas y girar. Que me entre el agua por la malla y girar. Me gusta que no haya tanto sol. Cuando llego abajo tiemblo y me recibe papá, que está seco y tiene calor. Yo lo abrazo mojada y somos todo. Después cae mi prima, siempre, pero sobra. La empujo, se cae, se abre la frente. Me pegan. Comemos churros y me saco el corpiño. Papá me mira. Me reta. Ya estás grande para andar así, gritando. Ponete eso. Le grito. No me parece que esté grande. La estúpida de mi prima se porta bien. Me manda a dormir sin comer. No quiero. Lloro. No, tengo ganas, pero no hago nada de ruido. Papá abre la puerta sin ropa. Se lo veo. O no sé, no lo miro más. Me dice shhhh. No me acuerdo.

sábado, mayo 3

1998

Empezando por mi papá, siempre me gustaron los hombres de otras. Consigo trabajo en Corp. Hago buen marketing de mí. Tengo veinte años y ya gano mucho más que mi mamá. Voy a ser grande. La oficina queda en el microcentro, cerca de un hotel súper lujoso que empiezo a frecuentar los mediodías con Federico, mi CEO. Intercontinental, igual que la merienda que le pido a Federico que me pida room service: té de jazmín con canasta de frutas de estación y cookies de manteca. Me compra ropa. Los lunes me exige que lleve las medias negras con florcitas verdes. Me las pongo con un pollera gris tableada y All Star. Me ato el pelo con trencitas, como las de la princesa Leia, para parecer de dieciséis, y cogemos en su escritorio sin que me saque la ropa. Las medias son de liga. Después le pedimos a la que limpia que nos traiga un café, mitad leche para él, negro para mí. Le digo que el nuevo de finanzas me apuró en el ascensor, dice que lo va a echar. Tengo un novio bueno y un amante poderoso. Cuando yo nací él se estaba casando. Su mujer, Camila, me cae bien. La conocí en un asado en su casa en La Horqueta. Yo le pedí que lo hiciera, a él, el asado. Para conocer su casa. Quería verlo en familia. Mucha adrenalina cuando nos metimos en el baño en suite. Me abrazó bien fuerte. Federico dice que le pasan cosas fuertes. Conmigo. Me manda felicitaciones por mail, con copia a todos, por mi trabajo. Y después sólo a mí. Dice que ya casi no puede tener sexo con su mujer. Que la panza de ocho meses es inviable. Que quiere dormir conmigo. Le digo que venga, no viene. Le digo que venga, no viene. Un día nace su hijo, me corto el pelo y me voy de viaje. Voy a ser grande.

jueves, mayo 1

1982


Me cuida Natalia, la vecina. Mamá le dice Natalia Grande, porque es más grande que ella y sobre todo mucho más grande que yo, que me llamo igual. Natalia Grande cose ropa de muñecas y guarda los retazos en bolsas de nylon negro. Nunca se sacó el pañuelo marrón de la cabeza, que esconde el pelo castaño, ni el acento ruso. Tiene tres hijos, uno es varón y me acaricia el pelo cuando llega de trabajar. Belleza. Se llama David. Qué lindos ojos tiene esta beba, y ahí la caricia. Me acuerdo. Yo sufro. Tengo una enfermedad: a veces no respiro por la fiebre. Nací en 1978: entonces tengo cuatro años. Papá y mamá tienen miedo de que me muera una noche. Un médico los convence: me operan. Empiezan las inyecciones, los remedios. Natalia Grande es enfermera. Natalia Grande me pone inyecciones en la cola, dos, tres por día. Después me abraza, porque las inyecciones duelen y porque estoy sola. No, sola no. Con ella, que me cuida. Natalia Grande me abraza bien fuerte, un asco. Y mucho. Me da las bolsas con telas de colores y me dice que me cambie, que me disfrace, que me desnude. Se sienta en la máquina de coser y me mira y se sonríe porque yo me divierto. Me paseo por el patio desnuda, con un traje que armé con unas telas a lunares y otras sedas importadas, bordadas de brillo y transparencia. Se me ve: se lo muestro. Natalia Grande se sonríe y yo pienso qué estúpida, si es estúpida. ¿No me ve? Entonces me toco, en su cara. Me meto la mano abajo y la miro. Llega David y me descubre vestida de princesa. Yo me toco, él me acaricia, pero son cosas distintas, que pasan en tiempos distintos. Natalia Grande cose y se sonríe. Yo pienso qué estúpida, por qué no me reta. Qué suerte.

lunes, abril 28

mañana me confieso

miércoles, abril 23

plátanoverde en Buenos Aires



Dos publicaciones suicidas de Venezuela saludan la Argentina. Las revistas caraqueñas Plátano Verde, así como su par literata 2021:Pura Ficción, estarán visitando la ciudad de Buenos Aires desde el 21 hasta el 29 de Abril. Las publicaciones que han hecho marca en el sendero de la comunicación del Siglo XXI, ahora en Buenos Aires. Una agenda que incluye diseño, visuales, música y un par de lecturas feroces.

Viernes 24 de Abril / Presentación revista 2021: Pura Ficción
Las literaturas portátiles y excéntricas tienen su ventana. Una revista breve, bella y efímera. Daniel Link, José Becerra, Andrés Neuman, Efraim Medina Reyes, Pedro Lemebel y más han aparecido en sus páginas.
20 hs en Librería Eterna Cadencia / Honduras 5574
Sábado 26 de Abril/ Chávez no es el único venezolano universal
Diseño + Música + Brindis. Las publicaciones plátanoverde y 2021: Pura Ficción se traen bajo la manga un montón de revistas venecas. Con el estudio NegroNoveau como invitado especial, las revistas Love, Plaza Mayor, plátanoverde, y 2021: Pura Ficción celebran el encuentro con la ciudad de Buenos Aires. En los platos tendremos a Ed Dimmock, Yudo Mode y con toda su belleza, desde Caracas: PIAN.
18:00hs. en El Diente de Oro / Malabia 1311.
Lunes 28 de Abril / Plátanos verdes presentados by Ce Sz
La revista bandera de la movida emergente venezolana toma un espacio en una feria abierta por Ricardo Piglia. A nosotros nos presenta la nunca bien ponderada Cecilia Szperling, guía de aventuras más que maestro de ceremonias. Sin más.
20.30 hs en la Feria del libro de Buenos Aires / Sala Julio Cortázar

lunes, abril 14

tu peronismo es una instalación

El título viene a cuento de algo que había empezado a escribir para La Contrarreforma, para el número 2.

La Contrarreforma viene a cuento del número 3, recién salidito, en el que sí llegué a mandarles algo -que nada tiene que ver ni con el peronismo ni con los burgueses ezquizofrénicos.

Al final todo puro marketing.

pásense

viernes, marzo 28

el gran diario argentino


viernes, marzo 21

James falls in love

"(...) Todo esto le pasaba a James cuando leía en público. Después no tartamudeaba ni nada. Le habían dicho de otro taller literario, en el que era el profesor el que leía en voz alta los textos de los alumnos. Ahí se hubiese ahorrado el papelón, pero a) James era más de los que quieren enfrentar sus limitaciones, un chico con esperanzas, british way of life y grandes expectativas, y b) al parecer ese otro taller no era muy bueno. Y el suyo era fantástico. No porque le enseñaran a escribir –ningún taller le había servido para eso-, sino por Camila. Que era lo fantástico del taller. Tenía el pelo largo por la cintura, Camila, y era más lánguida que el pito de un poeta angustiado. Escribía unas cosas deprimentes, oscurísimas, contando una y otra vez la muerte de su madre, a la que no había conocido nunca porque se había muerto al dar a luz. Además, era la única de las siete alumnas que no había tenido sexo con el profesor, lo que la hacía mucho más deseable. James ya había aprendido, de verla salir ilesa, que no iba a ganársela con una cita de Tuca, ni recitando de memoria los primeros veinte versos de The Waste Land, ni emborrachándola (era abstemia) o quedándose largos segundos en silencio después de que ella terminara de leer uno de sus poemas y decir: “Es muy hermoso lo que escribís, Camila”. De hecho, no tenía la menor idea de cómo hacer para que ella lo mirase con esos ojitos tan suyos (...)"

jueves, febrero 14

en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad, y así,




¿por qué, si esta composición hecha de restos / de colores, gangas, porquerías, / funciona tan bien en casa?
¿por qué si me deshago tan fácil / de lo que ya no me queda y lo que compro / y no quiero / y lo que nunca fue para mí?

domingo, febrero 10

cita parte 4*

Se había hecho de noche y recién terminaba de llover. Los pocos autos que pasaban por la calle levantaban un rocío que se colaba a través de la ropa y lo humedecía todo. Helena caminaba apurada para cualquier lado, buscando una avenida en un barrio que casi ni conocía, pero no quería preguntarle nada a nadie. No quería hablar con nadie ni que nadie se le acercara. Estaba llegando tarde a lo de su abuela. Estaba sucia, con el rímel corrido. Arruinada para siempre aunque en unos días todo pareciera menos trágico. Buscó el celular de su bolso y revisó el mensaje que acababa de entrarle. Era de Julián. Decía: ¿Dónde estás amor? Sos la única que falta. Te extraño y te adoro. Apurate. Sintió algo parecido a un viento fresco que le subía desde el estómago hasta la cara y le devolvía una parte del aire que le habían sacado. Respondió que ya estaba por llegar y que lo amaba, y era así, nunca había sido más cierto. Encontró un bar, vacío, como la calle, como todo. Pidió permiso para ir al baño a pesar del cartel bien grande que advertía que el uso de las instalaciones era sólo para clientes. El mozo, un gordito de unos cincuenta años con pinta de gallego, la miró de arriba a abajo antes de dejarla pasar. Dijo que sí con una mueca asquerosa. Helena sintió la mirada del mozo en su culo mientras subía las escaleras hasta el baño y sintió un profundo deseo de darse vuelta y escupirle la cara. Trabó la puerta, apoyó las manos sobre el lavatorio y se largó a llorar. Abrió la canilla. Se mojó la cara tres veces con las dos manos llenas de agua y se acomodó el rodete lo mejor que pudo. Buscó una toalla de papel en el dispenser, pero estaba vacío, como todo. Miró alrededor. Era un baño asqueroso y mínimo, con azulejos color ocre y una luz débil. Apenas había lugar para moverse. Se acercó hasta el inodoro y se sacó la bombacha para hacer pis sin mojársela. Levantó la pollera hasta el estómago, evitando rozar las paredes y la tapa del inodoro que estaba salpicada de todo. El tacho de basura rebasaba de papeles sucios. A un costado, asomaba el hilo celeste de un tampón manchado de sangre. Contuvo las arcadas mientras se sacudía para no mancharse la ropa. Algo mareada, apoyó una mano sobre los azulejos. Estaban húmedos. Caminó con las piernas abiertas hasta el lavatorio. Enganchó la pollera en el corpiño y abrió la canilla. Se mojó la entrepierna y las piernas y la panza. Se refregó la concha con la mano hasta dejarla limpia. Se raspó con las uñas hasta sacarse todos los restos del semen seco y se secó con el sweater, como una esponja, igual que Gastón un rato antes, cuando se secaba la sangre de la herida que ella le había causado.


* chicos, sigue habiendo tiempo para ese texto de ese número de verano?

de colombia no me llevo café

Bienaventurados los imbéciles,
porque de ellos es el reino de la tierra

El sol. Cómo estar sentado en un parque y no decir nada. La una y media de la tarde. Camino caminas. Caminar con un amigo y mirar a todo el mundo. Cali a estas horas es una ciudad extraña. Por eso es que digo esto. Por ser Cali y por ser extraña, y por ser a pesar de todo una ciudad ramera.
-Mirá, allá viene la negra esa.
-Francisco es así, como esas palabras, mientras se organiza el pelo con la mano y espera a que pasa ella. Ja! Ser igual a todo el mundo.

Pasa la negra-modelo. Mira y no mira. Ridiculez. Sus 1,80 pasan y repasan. Sonríe con satisfacción. Camina más allá y ondula todo, toditico su cuerpo. Se pierde por fin entre la gente, ¿y queda pasando algo? No, nada. Como siempre.

(Odiar es querer sin amar. Querer es luchar por aquello que se desea y odiar es no poder alcanzar por lo que se lucha. Amar es desear todo, luchar por todo, y aún así, seguir con el heroísmo de continuar amando. Odio mi calle, porque nunca se rebela a la vacuidad de los seres que pasan por ella. Odio los buses que cargan esperanzas con la muchacha de al lado, esperanzas como aquellas que se frustran en toda hora y en todas partes, buses que hacen pecar con los absurdos pensamientos, por eso, también detesto esos pensamientos: los míos, los de ella, pensamientos que recorren todo lo que saben vulnerable y no se cansan. Odio mis pasos, con su acostumbrada misión de ir siempre con rumbo fijo, pero maldiciendo tal obligación. Odio a Cali, una ciudad que espera, pero que no le abre las puertas a los desesperados)

Todo era igual a las otras veces. Una fiesta. Algo en lo cual uno trata desesperadamente de cambiar la tediosa rutina, pero nunca puede. Una fiesta igual a todas, con algunos seductores que hacen estragos en las virginidades femeninas… después, por allá… por Yumbo o Jamundí, donde usted quiera. Una fiesta con tres o cuatro muchachas que nos miran con lujuria mal disimulada. Una fiesta con numeritos que están mirando al que acaba de entrar, el tipo que se bajó de un carro último modelo. Una fiesta con uno que otro marica bien camuflado, y lo más chistoso de todo es que la que tiene al lado trata inútilmente de excitarlo con el codo o con la punta de los dedos. Una fiesta con muchachas que nunca se han dejado besar del novio, y que por equivocación son lindas. Y también con F. Upegui que entra pomposamente, viste una chaqueta roja, hace sus poses de ocasión y mira a todos lados para mirar-miradas. Una fiesta con la mamá de la dueña de casa, que admira el baile de su hijita pero la muy estúpida no se imagina si quiera lo que hace su distinguida hija cuando está sola con un muchacho, y le gusta de veras. Una fiesta donde los más hipócritas creen estar con Dios, maldita sea, y lo que están es defecándose por poder amachinar a la novia de su amigo… piensan en Dios y se defecan con toda calma mientras piensas en poder quitársela.

Sí, odio a Cali, una ciudad con unos habitantes que caminan y caminan… y piensan en todo, y no saben si son felices, no pueden asegurarlo. Odio a mi cuerpo y mi alma, dos cosas importantes, rebeldes a los cuidados y normas de la maldita sociedad. Odio mi pelo, un pelo cansado de atenciones estúpidas, un pelo que puede originar las mil y una importancias en las fuentes de soda. Odio la fachada de mi casa, por estar mirando siempre con envidia a la de la casa del frente. Odio a los muchachitos que juegan fútbol en las calles, y que con crueldades y su balón mal inflado tratan de olvidar que tienen que luchar con todas sus fuerzas para defender su inocencia. Sí, odio a los culicagados que cierran los ojos a la angustia de más tarde, la que nunca se cansan de atormentar todo lo que encuentra… para seguir otra vez así: con todo nuevamente, agarrando todo, todo! Odio a mis vecinos quienes creen encontrar en un cansado saludo mío el futuro de la patria. Odio todo lo que tengo de cielo para mirar, sí, todo lo que alcanzo, porque nunca he podido encontrar en él la parte exacta donde habita Dios.

Conozco un amigo que le da miedo pensar en él, porque sabe que todo lo de él es mentira, que él mismo es una mentira, pero que nunca ha podido –puede- podrá aceptarlo. Sí, es un amigo que trata de ser fiel, pero no puede, no, lo imposibilita su cobardía.

Odio a mis amigos… uno por uno. Unas personas que nunca han tratado de imitar mi angustia. Personas que creen vivir felices, y lo peor de todo es que yo nunca puedo pensar así. Odio a mis amigas, por tener entre ellas tanta mayoría de indiferencia. Las odio cuando acaban de bailar y se burlan de su pareja, las odio cuando tratan de aparentar el sentimiento inverso al que realmente sienten. Las odio cuando no tratan de pensar en estar mañana conmigo, en la misma hora y en la misma cama. Odio a mis amigas, porque su pelo es casi tan artificial como sus pensamientos, las odio porque ninguna sabe bailar go go mejor que yo, o porque todavía no he conocida ninguna de 15 años que valga la pena para algo inmaterial. Las odio porque creen encontrar en mí el tónico ideal para quitar complejos, pero no saben que yo los tengo en cantidades mayores que los de ellas… por montones. Las odio, y por eso no se lo dejo de hacer porque las quiero y aún no he aprendido a amarles.

No sé, pero para mí lo peor de este mundo es el sentimiento de impotencia. Darse cuenta uno de que todo lo que hace no sirve para nada. Estar uno convencido que hace algo importante, mientras hay cosas mucho más importantes por hacer, para darse cuenta que se sigue en el mismo estado, que no se gana nada, que o se avanza terreno, que se estanca, que se patina. Rrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr------------rrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr--------------rrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr no poder uno multiplicar talentos, estar uno convencido que está en este mundo haciendo un papel de estúpido, para mirar a Dios todos los días sin hacerle caso.

¿Y qué? ¿Busca algo positivo uno? ¿Lo encuentras? Ah, no. Lo único que hace usted es comer mierda. Vamos hombre, no importa en que forma se encuentra su estómago, piense en su salvación, en su destino, por Dios, en su destino, pero esta bien, eso no importa. ¿Qué no? Vea, convénzase: por más que uno haga maromas en esta vida, por más que se contorsione entre las apariencias y haga volteretas en medio de los ideales, desemboca uno a la misma parte, siempre lo mismo… lo mismo de siempre. Pero eso no importa, no lo tome tan en serio, porque lo más chistoso, lo más triste de todo es que UD. Se puede quedar tranquilamente, s u a v e m e n t e, d e f e c á n d o s e, p u d r i é n d o s e, p o c o a p o c o, t ó m e l o c o n c a l m a… ¡Calma! ¡Por Dios, tómelo con calma!

Odio la avenida sexta por creer encontrar en ella la bienhechora importancia de la verdadera personalidad. Odio el Club Campestre por ser a la vez un lugar estúpido, artificial e hipócrita. Odio el teatro Calima por estar siempre los sábados lleno de gente conocida. Odio al muchacho contento que pasa al lado que perdió al fin del año cinco materias, pero eso no le importa, porque su amiga se dejó besar en su propia cama. Odio a los maricas por estúpidos en toda la extensión de la palabra. Odio a mis maestros y sus intachables hipocresías. Odio las malditas horas de estudio por conseguir una maldita nota. Odio a todos ellos que se cagan en la juventud todos los días.

¿Es que sabes una cosa? Yo me siento que no pertenezco a este ambiente, a esta falsedad, a esta hipocresía. Y ¿Qué hago? No he nacido en esta clase social, por eso es que te digo que no es fácil salirme de ella. Mi familia está integrada en esta clase social que yo combato, ¿Qué hago? Sí, yo he tragado, he cagado este ambiente durante quince años, y, por Dios, ahora casi no puedo salirme de él. Dices que por qué vivo yo todo angustiado y pesimista? ¿Te parece poco estar toda la vida rodeado de amistades, pero no encontrar siquiera una que se parezca a mí? No sé que voy a poder hacer. Pero a pesar de todo, la gloria está al final del camino, si no importa.

La odio a ella por no haber podido vencer a su propia conciencia y a sus falsas libertades. La odio porque me demostró demasiado rápido que me quería y me deseaba, pero después no supo responder a estas demostraciones. La odio porque no las supo demostrar, pero ese día se fue cargando con ellas para su cama. Yo la quiero muchacha estúpida, ¿no se da cuenta? Pero apartándonos de eso la odio porque me originó un problema el berraco y porque siempre se iban con mis palabras, con mis gestos y mis caricias, con todo… otra vez para su cama. Pero, tal vez, para nosotros exista otra gloria al final del camino, si es que todavía nos queda un camino… quién sabe…

Odio a todas las putas por andar vendiendo añoraciones falsas en todas sus casas y calles. Odio las misas mal oídas… Odio todas las mías. Me odio, por no saber encontrar mi misión verdadera. Por eso me odio… y a ustedes ¿les importa?
Sí, odio todo esto, todo eso, todo. Y la odio porque lucho por conseguirla, unas veces puedo vencer, otras no. Por eso la odio, porque lucho por su compañía. La odio porque odiar es querer y aprender a amar. ¿Me entienden?. La odio, porque no he aprendido a amar y necesito de eso. Por eso odio a todo el mundo, no dejo de odiar a nadie, a nada…
A nada
A nadie
Sin excepción!
Andrés Caicedo, "Infección", Destinitos fatales

lunes, diciembre 24

papá noel no existe

o me porté mal

domingo, diciembre 23

querido papá noel:

si podés, dejame lo que te pedí, en casa, pero hoy a la noche, no mañana. no te cambia tanto y a mí me alegrás el domingo.
tocame el timbre, que anda. tres timbres largos y uno corto así sé que sos vos, si no ni atiendo.

te espero
un beso,
n.

felices fiestas, desesperados

"Pero otro síntoma horrible, para mí, de esa enfermedad, la peor de todas, es su secreto. Y no sólo por el deseo y los esfuerzos felices de quien la sufre para ocultarla, no sólo porque ella pueda alojarse en él sin que nadie la descubra; no, sino también porque ella puede disimularse perfectamente en el hombre, ¡de tal modo, que ni incluso él sepa nada! Y vaciado el reloj de arena, el reloj de arena terrestre, y apagados todos los ruidos del siglo, y terminada nuestra agitación forzada y estéril, cuando alrededor tuyo todo sea silencio, como en la eternidad, hombre o mujer, rico o pobre, subalterno o señor, feliz o desventurado, haya llevado tu cabeza el brillo de la corona o, perdido entre los humildes, no hayas tenido más que penas y las fatigas de los días, se celebre tu gloria mientras dure el mundo u olvidado, sin nombre, sigas a la muchedumbre innúmera anónimamente; hayas superado el esplendor que te envolvió toda descripción humana o los hombres te hayan herido con sus más duros o envilecedores juicios –quienquiera que hayas sido, con vos y con cada uno de tus millones de semejantes, la eternidad sólo se interesará por una cosa: si tu vida fue o no desesperación y si, desesperado, no sabías que lo estabas, o si ocultabas esa desesperación como una secreta angustia, como el fruto de un amor culpable o, también, si experimentando horror y, por lo demás, desesperado, rugías de rabia. Y si tu vida no fue más que desesperación, ¡qué importa entonces lo demás! Victorias o derrotas, para vos todo está perdido; la eternidad no te reconoció como suyo, no te conoció o, peor aún, identificándote, ¡te clava a tu yo, a tu yo de desesperación!"

S.K

jueves, diciembre 20

100% nada


jueves, diciembre 6

que se vengan lxs chicxs de todas partes...

LECTURA DE NARRADORES DE LA NUEVA NARRATIVA ARGENTINA
¿Qué escriben los que nacieron después de 1960?

JUAN DIEGO INCARDONA
NATALIA MORET

Y un último bonus track intergeneracional:
ANIBAL JARKOWSKI Y CLAUDIA PIÑEIRO

Coordina ELSA DRUCAROFF
Domingo 9 de diciembre, 18 hs en
Casa Brandon: Luis María Drago 236
(a dos cuadras de Canning y Corrientes)

digámonos cosas lindas parte III

(...)

Apoyó el inalámbrico en la mesita de luz, se levantó de la cama y se vistió. Se puso el jogging que había tirado al suelo y la camisa que había usado ese día. Se ató el pelo en una cola tirante, volvió a agarrar el teléfono y salió del cuarto sin hacer ruido. Cerró la puerta. Caminó hasta la cocina, se sirvió una taza con los restos del café que había preparado a la mañana y la metió al microondas. Cincuenta segundos. Se sentó en el piso. Sopló el café, el humo le quemó en los ojos cerrados, y apoyó la espalda contra una de las alacenas de acero inoxidable. Toda su cocina era de acero inoxidable.




- Esta cocina es horrible pero para el verano es fresca.
- Si la elegiste vos, chiquita. ¿Por qué me dejaste esperando tanto?
- No volvería a elegirla ni en pedo.
- Si querés la cambiamos. ¿Querés?
- ¿La cambiamos? En todo caso la cambio yo. Es mi casa, no nuestra.
- Sí, ya sé, pero digo que te la regalo. La elegimos juntos.
- ¿Para que elijas otra vez algo como esto?
- Vos dijiste que querías esa.
- Vos me presionabas. Es muy grasa, ¿sabés?, el minimalismo. Me siento en la cocina de la oficina.
- Que tantas alegrías nos dio…
- …
- Si querés te regalo una toda de algarrobo.
- ¿Cuál es el chiste?
- Ninguno, mi amor. ¿Qué hacías?
- ¿Cuándo?
- Ahora, recién.
- Nada. Dormía. Son las tres de la mañana acá, ¿sabés? Sos un poco desubicado.
- Perdoná.
- ¿Por qué de todo, exactamente?
- Chiquita, no peleemos, por favor. Estás imposible.
- Vos me llamaste.
- Ya sé, porque quiero hablar. Quería escuchar esa vocecita preciosa que me sacude el alma. ¿La vocecita querrá hablarle a este tonto enamorado?
- ...
- Te extraño, bella.
- …
- ¿Por qué tardaste tanto en atenderme?
- Te atendí ni bien sonó, qué decís
- Sí, pero me dejaste esperando. ¿Qué hiciste?
- Nada, ya te dije. Dormía. Me levanté y me cambié y me calenté un café.
- ¿Te cambiaste?
- Sí, me vestí.
- ¿Desde cuándo dormís desnuda?
- Desde siempre. Quedate una noche a dormir conmigo y vas a ver.
- …
- ¿Qué hora es allá?





(...)

martes, diciembre 4

mañana


ya no me da placer. ya borré de mi lista de contactos
a toda la gente que me cae mal.

jueves, noviembre 29

que el despreciable tándem de lo posmo y lo progre tarde menos en morir...

"¿La fisonomía de la pintura, de la poesía, de la música dentro de un siglo? Nadie puede imaginarla. Como después de la caída de Atenas o de Roma, habrá una larga pausa debida al agotamiento de los medios expresivos, así como al de la conciencia misma. La Humanidad, para enlazarse al pasado, tendrá que inventar una segunda inocencia sin la cual nunca podrá reanudar las artes."

EM Cioran, 1973.

miércoles, noviembre 28

o sea

me río

uno de la peyseré


martes, noviembre 27

este sería de la escolástica gráfica:

prender fuego a tu hijo
porque se llevó
todas
las materias
es
ansia
de movilidad social
peronista

lunes, noviembre 26

nadie puede estar completamente de vuelta de todo. la decepción universal no existe.

lunes otra vez!

domingo, noviembre 25

zoo

28. El hombre posee gran razonamiento, pero en su mayor parte vano y falso. Los animales lo
tienen en menor grado, pero útil y verídico; y más vale una pequeña certidumbre que un gran
engaño. (ASH. 1. 7, v.).


31. Muchos no son más que verdaderos canales para los alimentos. Se les debería llamar:
fabricantes de excrementos y llenadores de letrinas, puesto que esto constituye toda su ocupación
en este mundo (R. 1179).

viernes, noviembre 23

lo miraré por tv

domingo, noviembre 18

miss landmine


Y sin embargo te ves creciendo al costado de la otra vida postulada, temeroso
por su inercia y temeroso por vos, intimidado y defensivo.
Y te flagelás como diciendo: estas heridas
son lo que soy.




viernes, noviembre 16

escarlata

Fragmento del diario del Coronel Mervin Willet Gonin, que estaba entre los primeros soldados británicos que liberaron Bergen-Belsen en 1945

No podría dar una descripción adecuada del Campo de Horror en el que mis hombres y yo íbamos a pasar los próximos meses de nuestras vidas. Era una tierra baldía, desnuda. Cadáveres por todas partes, algunos en grandes pilas, algunas veces solos, o en pares, tal como iban cayendo. Nos tomó un tiempo acostumbrarnos a ver hombres mujeres y chicos morirse o desfallecer a medida que pasábamos a su lado, y contenernos para no correr en su ayuda. Uno debía acostumbrarse rápidamente a la idea de que lo individual no contaba. Uno sabía que se estaban muriendo quinientos por día y que quinientos por día iban a seguir muriéndose en las próximas semanas antes de que cualquier cosa que pudiéramos hacer tuviera el más mínimo efecto. Sin embargo, no era fácil ver a un chico agonizar de difteria, cuando sabías que una traqueotomía y cierto cuidado mínimo podía salvarlo. Uno veía mujeres ahogándose en su propio vómito porque estaban demasiado débiles como para darse vuelta, y a hombres comer gusanos cuando agarraban un pedazo de pan, porque tenían que comer, el pan, los gusanos, y ya casi no podían notar la diferencia. Pilas de cuerpos, desnudos, obscenos. Una mujer demasiado débil como para pararse, sosteniéndose de pie contra la pila de muertos, cocinando lo que le habíamos dado para comer en una pequeña fogata; hombres y mujeres doblándose de dolor por alguna enfermedad que estaba destrozándoles el intestino; una mujer de pie, desnuda, lavándose en el agua de un tanque donde flotaban los restos de un chico. Fue poco después de que la Cruz Roja llegara, aunque puede no haber conexión alguna, que llegó también una enorme cantidad de lapiz labial. Lápiz labial. No era ni cerca lo que habíamos pedido. Estábamos gritando por cientos y miles de otras cosas, y no sé quién pidió ese lápiz labial. Me gustaría mucho descubrir quién fue. Fue el acto de un genio. Creo que nada hizo más por los internos que ese lápiz labial. Las mujeres yacían en sus camas sin sábanas ni ropa de dormir, pero con labios escarlata. Las veías deambular, con nada más sobre los hombros que una manta, pero con labios escarlata. Vi una mujer muerta en la camilla y en su puño cerrado aferraba un pedazo de lápiz. Alguien había hecho algo para volverlos individuos otra vez. Ya no eran el número tatuado en sus brazos. Al fin se preocupaban por su apariencia. Ese lápiz escarlata empezaba a devolverles parte de su humanidad.




Source: Imperial War museum (encontrado en Banksy)

sola y lejos

me siento así

jueves, noviembre 8

último del año, imperdible!!


sábado, noviembre 3

z o o

Un viento frío sacudió el llamador de ángeles recuerdo de Tailandia, tal vez Vietnam. Helena vio cómo uno de los cuidadores del zoológico entraba en una cabina pequeña, del tamaño de un baño químico, y encendía un televisor. El parque tenía al menos cincuenta de estos puestos de vigilancia, iluminados solamente por la luz blanquecina de las pantallas desde las que los cuidadores controlaban el sueño de los animales y el silencio de los turistas. El flash de las cámaras fotográficas estaba prohibido. Por eso, era muy improbable lograr buenas fotos del zoo. El cuidador abrió la ventana del puesto y recorrió con una linterna los alrededores, para confirmar que nadie estuviera vigilándolo. Sacó una botella de agua y tomó dos pastillas. De algún cajón o bolsa que Helena no llegó a distinguir, buscó un enterito de piel de cordero y se lo puso sobre el uniforme azul. Se tapó la cara con una máscara que a Helena le hizo acordar a un hombre que había conocido en el tren de Dusseldorf a Berlín, un dentista que antes del sexo le había pedido por favor que le permitiera revisarle las encías, la salud de sus encías. Usó una lima, una aguja y un espejo; sobre la lima había puesto cocaína para anestesiarla. Helena se recostó sobre la alfombra de la sala y estiró los brazos y las piernas hasta los bordes de un círculo imaginario. El hombre estaba mal hecho, aunque cortés, y una cicatriz lo cruzaba desde el mentón hasta algún lugar fuera del alcance de la vista, por debajo de la camisa blanca. Le preguntó si le resultaba incómodo quedarse vestida; Helena llevaba una pollera a cuadros; dijo él que lo que quería era correrle apenas la bombacha y penetrarla así, sin preservativo, y que si ella se resistía él estaría encantado en poder forzarla. Helena observaba la araña de setenta caireles que colgaba justo a la altura de su cabeza, y de la cabeza del hombre, sobre la suya, observando la boca de Helena, levantando la carne de las encías para ver el nacimiento de cada diente; degustaba la delicia de su verga, de tenerla, una verga hinchada y confirmándose en la boca de Helena que se le revelaba fuerte y limpia, con dientes con raíces con fuerza capaz de arrancar la piel de cualquier cosa viviente. No quería vengarse con él. Había terminado ahí porque esa noche tampoco quería dormir especialmente en ningún lugar, daba lo mismo, todo, salvo dormir sola. La última vez que había dormida sola había soñado. Cosas horribles. Lo que más recordaba era una imagen de ella misma, desnuda en un sillón de cuero amarillo y pegajoso, con la piel irritada por el calor que llegaba desde la cocina donde su padre, fuera de plano, preparaba un guiso con ajo y demasiada pimienta. El padre le había hecho comer el mismo guiso durante toda su infancia, y a Helena siempre le había gustado mucho. Con el tiempo se había vuelto su plato preferido, casi lo único que le gustaba comer.

viernes, noviembre 2

no sé qué hacer





(¿o todo al revés?)

jueves, noviembre 1

él es: el arquitecto instrumental

EN SERIO todavía no tenés tu casa dosmasdos5®??!




llamá ya!

miércoles, octubre 31

Todo amor, al final, es moderado.

escribía algo, más largo y menos bueno, hasta que el título de este post, una cita de otra cita, ya lo dijo y mucho mejor.

martes, octubre 30

al margen

no importa cómo hoy leo algo not meant to me et voilà:/ cambian los names, pero todo otra vez, es de manual!/ todo lo mismo, ni medio atisbo original/ lo que fue vuelve a ser, lo que es, será/ previsible y ñoño, forever igual




pd. está muuy difícil la correcta ilustración de este post

lunes, octubre 29

llamado a la solidaridad

si estás leyendo ahora mismo este blog, viajás desde buenos aires a santiago de chile en estos días, y tenés buen corazón: ¿serías tan amable de traerme un cartón de marlboro box, no del free shop, de los de verdad, los argentinos, del kiosco? pago con intereses si es necesario. mi e-mail está en el perfil.

cariños,
n.

domingo, octubre 28

dificultad para acampar por la crecida. volvemos al refugio sin presas.

somos tres, los damnificados
luchando por una carpa que no se llueva

sábado, octubre 27

dijo:

una posibilidad es quedarse cerca
del camión de las provisiones que enviará
algún gobierno
y atrapar todo lo que tengan
la sed, el frío, el hambre